Los mejores días de nuestras vidas

Ante la inminente y desigualada eliminatoria copera entre Racing y Athletic, no son pocos los aficionados verdiblancos que miran con anhelo al pasado para refugiarse en tiempos mejores. El cruce de 2008 ante los bilbaínos quedó grabado a fuego en la memoria del racinguismo, deparando momentos que son considerados por muchos como más felices vividos nunca en un campo de fútbol.

Los mejores días de nuestras vidas
Tchité y su famosa celebración en San Mamés | Foto: Diario AS

Los duelos entre Real Racing Club y Athletic Club siempre han sido muy especiales, sobre todo en Santander. Cuando cántabros y vizcaínos medían sus fuerzas se solían vivir auténticos ambientazos, tanto en San Mamés como en El Sardinero, cargados de emoción, tensión y, en algunas ocasiones, de mucho fútbol. Pero sobre todo de una gran y sana rivalidad. De hecho, los Racing-Athletic pueden presumir de, entre otras cosas, haber firmado el primer 0-0 de la historia de La Liga, ostentar el récord de goles en un partido de Primera (9-5 para los vascos) y de amonestaciones en otro en la misma categoría (17 amarillas y seis rojas en solo 90 minutos).

Conocido por muchos aficionados como el 'Clásico del Norte' (o 'Duelo del Norte', como bien ha recordado el Real Racing Club a través de sus redes sociales durante las últimas semanas), es un enfrentamiento con solera que cuenta ya con 98 años de historia, en los que Racing y Athletic se han enfrentado en 113 ocasiones en partido oficial, con un balance favorable a los rojiblancos. No obstante, si nos referimos exclusivamente a la Copa del Rey, la balanza se inclina ligeramente del lado montañés, con cinco eliminatorias superadas por tres de los vizcaínos.

Comparativa histórica | Foto: Roberto González - AS
Comparativa histórica | Foto: Roberto González - AS

Precisamente, esta pieza viene a tratar del último de estos cruces coperos, el cual tuvo lugar en la ronda de cuartos de final durante enero de 2008. Inmerso de lleno en el famoso 'bienio negro' (éploca en la que los leones estuvieron a punto de descender a Segunda División por primera vez en su historia), el entonces conjunto dirigido por Joaquín Caparrós se plantó en cuartos de final de 'su' torneo tras apear a Hércules y Espanyol. Por su parte, el Racing de Marcelino, que vivía un momento dulce, había eliminado previamente a Málaga y Zaragoza.

El cruce más deseado

Aguardaba una interesante y atractiva eliminatoria entre dos rivales históricos con mucha ambición en la competición. Y es que, a pesar del contraste de estados de forma, ni al más forofo aficionado del Racing se le ocurrió colocarse la vitola de favorito, pues todo el mundo era consciente que en frente estaba nada más ni nada menos que el Athletic Club, por aquel entonces 'Rey de Copas'. La fortuna auguró que el encuentro de ida se disputase en Santander, donde la eliminatoría fue acogida con mucha ilusión y ganas de derrotar al eterno rival.

La entidad verdiblanca acababa de alcanzar su récord histórico de abonados, 19.000, el máximo permitido teniendo en cuenta la capacidad del estadio (22.222). Por lo tanto, el ambientazo y el lleno estaban asegurados. Sin embargo, el club quiso tener un detalle con sus abonados y permitió que estos accediesen gratis al estadio, aunque en principio la Copa no estaba incluída en el abono. Como era de esperar, las entradas restantes 'volaron' y los Campos de Sport aguardaban para vivir una de las noches más mágicas de la época reciente.

Tchité y Smolarek pusieron de cara la eliminatoria

Con uno de los ambientazos más espectaculares que se recuerdan en el nuevo estadio santanderino, el Racing dominó el partido de principio a fino, materializando su superioridad con sendos goles de Tchité y Smolarek en el segundo tiempo, que llevaron el delirio a una grada que aquella temporada estaba disfrutando de lo lindo. Eran otros tiempos. El recital de animación y de colorido que dio la afición aquella noche fue antológico, de tal manera que numerosos telediarios y programas deportivos se hicieron eco de los cánticos y bufandeos verdiblancos.

 

San Mamés y la cita con la historia

'La fuente de Cacho' ya era una realidad. La tradicional canción cántabra se terminó de consolidar como himno popular racinguista ese mismo partido, llegando a ser comparada en los medios con el 'You'll never walk alone' de Anfield. A pesar de todo esto, ni equipo ni hinchada se dejaron llevar por la euforia y tuvieron claro que para nada estaba sellado el pase. La expectación por el histórico partido de vuelta de San Mamés era brutal, toda Cantabria esperaba ansiosa que rodase el balón en La Catedral.

No obstante, el Athletic no respondió ni de lejos a las expectativas de la afición verdiblanca dispuesta a viajar a la vecina Bilbao, y solo envió a Santander 250 entradas a 60€ cada una, con más disponibilidad de asientos de la que contaba un Racing que, sin embargo, mandó al club vizcaíno 480 a 40€. Además, el Athletic preparó una 'encerrona' para el encuentro, convocando en masa a una afición bilbaína que respondió con creces a la llamada de su club, llenando San Mamés y convirtiéndolo en una auténtica caldera.

Todo por conseguir una entrada

Los seguidores montañeses que no consiguieron hacerse con una entrada en las taquillas de El Sardinero se buscaron la vida como pudieron, comprándola en los cajeros BBK o en el mismo San Mamés o incluso acudiendo a la reventa. Nadie quería perderse la cita de aquel jueves 31 de enero de 2008, nadie quería quedarse sin ver como su equipo accedía por primera vez en 95 años de historia a unas semifinales de Copa del Rey. La semana se hizo larga, pero al fin había llegado el gran día.

Afición racinguista en San Mamés | Foto: El Diario Montañés
Afición racinguista en San Mamés | Foto: El Diario Montañés

Por todos es sabido que la afición racinguista, por norma general, jamás ha sido bien recibida en Bilbao. Ya sea por la rivalidad entre equipos, por el pique entre provincias o por el trato homónimo que los seguidores athleticzales reciben en la capital cántabra, el caso es que desde mediados de los 90 los desplazamientos a Bilbao ya no son las fiestas que eran antes. Y es que desde un Athletic-Racing de esa década en el que varios buses de aficionados santanderinos fueron apedreados y otros tantos incidentes más terminaron por estropear el partido de fútbol, las peñas del Racing decidieron borrar San Mamés de su lista de desplazamientos fijos.

El Athletic igualó la eliminatoria en 25 minutos

Pero aquella era una ocasión especial. Aunque también hubo altercados previos y posteriores al choque, incluso prensa cántabra fue agredida tras concluir el encuentro, un nutrido grupo de racinguistas estuvo presente en La Catedral pese de las trabas existentes. Ya en materia meramente deportiva, la noche más feliz del racinguismo no pudo empezar peor. Antes de cumplirse la media hora de juego, Amorebieta y Muñoz, este último de penalti, ya habían igualado la eliminatoria ante la atónita mirada de la hinchada montañesa, que ya empezaba a presagiar lo peor y a recordar la dichosa maldición de cuartos del Racing en el torneo del KO.

Tchité y el éxtasis

A los diez minutos de la reanudación Duscher recortó distancias tras colocar en el primer palo un preciso pase atrás de Serrano, pero apenas dos minutos después Susaeta establecía el 3-1 en el electrónico, colocando al Athletic a un solo gol de la clasificación. No obstante, cuando peor lo estaba pasando el Racing -hubo incluso un posible penalti de Pinillos sobre Gabilondo, muy protestado por Caparrós en la rueda de prensa-, Tchité anotó el 3-2 en una jugada ensayada a balón parado que nació de la precisión de Colsa, pasó por la cabeza de César Navas y terminó en las botas del delantero burundés, que solo tuvo que empujarla.

Lo que realmente hizo especial a ese gol fue su celebración, pues Memé se llevó el dedo a la boca y mandó callar a los 40.000 athleticzales que se dieron cita en el feudo rojiblanco. Hoy, casi nueve años después, la imagen del 'Tchitón' todavía perdura en la memoria del racinguismo, el gol más celebrado y que más feliz hizo a un alto porcentaje de la afición cántabra. El Racing estaba en una nube. Con el tiempo ya cumplido, Serrano marcó el definitivo 3-3 cuando gran parte del público de San Mamés había abandonado ya sus localidades.

Celebración de uno de los goles anotados en La Catedral | Foto: El Diario Montañés
Celebración de uno de los goles anotados en La Catedral | Foto: El Diario Montañés

Hoznayo para culminar una noche de ensueño

Todo lo contrario que los 300 valientes racinguistas que ocupaban la zona visitante, extasiados con lo acontecido unos minutos atrás. El Racing había roto su gafe copero y había accedido a las semifinales del torneo por primera vez en su historia. ¡Y de qué manera! Pero la noche no había terminado todavía. Ni mucho menos. Los miles y miles de verdiblancos que habían seguido el partido desde sus casas y bares querían recibir al equipo como se merecía, y desde la más absoluta espontaneidad surgió el recibimiento de Hoznayo, donde miles de seguidores vitorearon al equipo mientras cenaba pasadas ya las 12 de la noche, siendo laboral al día siguiente.

Fue algo brutal, inaudito, irrepetible. Luego vinieron el Getafe y Casquero, y el desenlace ya todos lo conocemos. Pero eso fueron otros tiempos. Ahora la realidad es otra. El Racing, segundo de su grupo de Segunda División B, recibe entre un mar de dudas por su juego y su furuto más inmediato al Athletic, que sigue siendo el mismo. De hecho, es incluso mejor.

La eliminatoria está muy desequilibrada, pero la ilusión con la que ha sido acogida en Santander otorga un resquicio a la esperanza, a la épica. Cosas más raras de han visto, ¿no?. Por ejemplo, quien iba a decir al racinguismo aquel 31 de enero de 2008 que justo seis años después se iba a llevar a cabo la junta de la libración del club de unos directivos que ya entonces comenzaban a parasitarlo. Hasta que Munuera Montero decrete este jueves a eso de las 22:00h el incio del choque solo queda refugiarse en otras épocas, recordar los mejores años de nuestras vida. Más concretamente, el día más feliz de la historia de este club. Pero, sobre todo, tener claro que lo mejor está por venir. Que ruede el cuero y que gane el mejor, o más bien, el que más lo merezca.