Recuerdos de Innsbruck
Iker Casillas levanta el trofeo de la Eurocopa de 2008. Foto: UEFA

Cinco días despúes, en el estadio de Neu Tivoli, un conjunto de once luchadores arrolló a Rusia en un encuentro que acabó 4 a 1 tras los 90 minutos reglamentarios. Un 'hat-trick' de David Villa y un tanto de Cesc Fàbregas pusieron a 'La Roja' como serio candidato al título.

El 14 de junio a las 18:00 h, de nuevo en el Neu Tivoli, España volvía a batallar, esta vez contra Suecia, que contaba con jugadores como Larsson, Ljunberg o Ibrahimović. Fernando Torres se estrenó como goleador, aunque los suecos empataron gracias a un tanto de Zlatan. El partido no se definió hasta el minuto 93, momento en el que Villa aprovecha una pelota larga para superar a Hansson y meter el balón en la porteria defendida por Isaksson.

Estas dos 'finales' daban el pase a España para la siguiente ronda, los cuartos de final, pero quedaba un escollo por superar, la Grecia de Rehhagel que era la defensora del torneo, ya que ganaron en el año 2004 a Portugal en su propia casa.

La cita tuvo distintos protagonistas debido a que Luis Aragonés dejó a los menos habituales en el once titular salir a demostrar sus dotes. No había ni una duda entre ellos. Nombres como Reina, Juanito, De la Red, Sergio García o Güiza, ganaron a los helenos dos goles a uno en el estadio Wals-Siezenheim.

Lo serio llegaba, y con ello 'la maldición de los cuartos', ronda en la que España solía hacer las maletas. Pero en el 2008, esto cambió. Italia era el siguiente rival. El Ernst Happel y el 22 de junio, el escenario y el día. Alrededor de 48.000 personas contemplaron un partido entre dos selecciones para llegar a las semifinales contra Rusia, pero los 90 minutos no bastaron para resolverlo, ni siquiera 120, ya que fue necesario ir a los penaltis.

Los once metros en el fútbol pueden ser suerte, como lo denominan algunos, o habilidad y ensayos a lo largo de la semana en los entrenamientos realizados. El fantasma de la eliminación acechaba sobre España, pero un 'santo', un 'galáctico de Móstoles', decidió alejarlo. Iker Casillas atajó dos tiros, uno a De Rossi y otro a Di Natale.

Faltaba lo más fácil, y a la vez lo más difícil. Marcar el penalti decisivo. Cesc Fàbregas fue el encargado de lanzarlo, y con un disparo que engañó a Buffon, metió a 'La Roja' en semifinales de la Eurcopa de 2008.

La barrera psicológica estaba superada y con ella, la presión. Los componentes de la selección española de fútbol se jugaban pasar a la gran final contra unos viejos conocidos en el torneo, los rusos de Hiddink, a los que vapulearon con un 3 a 0, pero con la pérdida del pichichi del equipo, David Villa. El guaje abandonó el terreno de juego con lágrimas en sus ojos por una lesión. Su lugar fue ocupado por Dani Güiza, que marcó a los cuatro minutos de entrar el segundo tanto.

España logró llegar a la ansiada final, que se iba a celebrar el 29 de junio de 2008 en el estadio Ernst Happel, en Viena, ante 51.428 espectadores. Los oponentes eran los alemanes dirigidos por Joachim Löw, con jugadores de la talla de Klose, Lahm o Ballack.

Aquellos 'bajitos' tocaban el balón como nadie, y con eso, se quedaba grabado el estilo del 'Tiki-Taka', término que popularizó Andrés Montes en España durante el Mundial de 2006. Un juego de toque, pases al pie, al compañero, sin riesgo de perder la bola. Algo que encandiló al mundo.

En el partido decisivo, en el minuto 33, Fernando Torres corrió como si le fuera la vida en ello para alcanzar el balón que le mandó Xavi. Lahm parecía anticiparse, pero el fuenlabreño no se dio por vencido y logró picar la pelota por encima del portero Lehmann y poner a España en lo más alto de Europa.

Muchos años después, exactamente 44, España ganaba la Eurocopa. Fue un momento de emoción en todo el país, el inicio de algo muy grande. Los artífices de todo esto fueron: Casillas, Reina, Palop, Ramos, Marchena, Puyol, Capdevila, Albiol, Arbeloa, Navarro, Juanito, De la Red, Fàbregas, Senna, Xavi, Iniesta, Cazorla, Xabi Alonso, Silva, Güiza, Sergio García, Villa y Torres.

Pero esto no hubiera sido posible sin Luis Aragonés, el técnico que revolucionó el fútbol y la historia de la selección española, ya que gracias a él, un país que destacaba por sus malas actuaciones en fases finales, pasó a ser el máximo exponente y el rival a batir.

 

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