La Bélgica de Jean-Marie Pfaff
Jean Marie Pfaff / Foto: FIFA.com

Hace más de 30 años que la Bélgica de Guy Thys alcanzó la mejor clasificación de su historia en un Mundial, cuando cayó en semifinales de la Copa del Mundo de México en 1986 ante una Argentina que a la postre se haría con el título. "Ese día no perdimos con Argentina, perdimos con Maradona", llegó a decir en su día el mítico arquero Jean-Marie Pfaff, ilustrando el nivel de juego del pelusa en aquella fase final. En aquel duelo anotaría los dos goles que daban a los suyos el pase a la final ante la República Federal Alemana de Rudy Voeller y Karl-Heinz Rummenigge.

"Ese día no perdimos con Argentina, perdimos con Maradona"

Un largo camino 

Pero la historia comenzaba mucho antes, en octubre de 1984. En la fase de clasificación quedaba encuadrada en el grupo 1, junto a Polonia, Albania y Grecia. El equipo polaco, con una delantera de auténtico lujo con Boniek y Smolarek se clasificaba en el primer lugar con los mismos puntos y golaverage que los de Thys, pero más goles a favor. Eso daba a los polacos el pase directo a la fase final y enviaba a Bélgica a la repesca.

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El rival iba a ser un equipo que años después sería la referencia en Europa: la Holanda de Gullit, Van Basten, Rijkaard, o Koeman . En un enfrentamiento a doble partido, los diablos rojos vencieron por 1-0 en Bruselas, para caer derrotados en Rotterdam posteriormente por 2-1. El doble valor de los goles en campo contrario daba el pase a Bélgica.

Ya en Méjico

El equipo belga quedaba encuadrado en el grupo B junto al anfitrión, Paraguay e Irak. En el debut ante la selección mejicana de Hugo Sánchez, Bélgica caía derrotada por 2-1 y quedaba obligada a ganar los dos partidos restantes. Ante los irakíes, Scifo y Claesen de penalty anotaban para vencer por un ajustado 2-1. Sin embargo, en el último encuentro ante Paraguay, los de Thys no podían pasar del empate a dos.  

Como tercer clasificado del grupo con tres puntos (hay que recordar que por aquel entonces las victorias todavía suponían dos puntos), el rival era la URSS de Lobanovsky, que contaba en sus filas con dos estrellas de la talla de Dassayev y Blokhin. En la fase previa, había conseguido cinco puntos y la primera posición del grupo C tras derrotar a Hungría (6-0) y Canadá y empatar a uno con Francia.

Veyt y Alinikov en el cruce de octavos/ Foto: FIFA.com
Veyt y Alinikov en el cruce de octavos/ Foto: FIFA.com

Los favoritos era los soviéticos, un equipo con gran facilidad goleadora. Tras los 90 minutos el resultado era de empate a 2. En la prórroga, dos goles de Demol y Claesen en apenas ocho minutos metían a Bégica en cuartos pese al postrero gol de Belanov en el 111 (que pese al hat trick, veía cómo su equipo tenía que hacer las maletas rumbo a Moscú).    

España iba a ser el siguiente rival. Los de Miguel Muñoz venían de apalizar a Dinamarca por 5-1 con un  recital de Emilio Butragueño, que anotaba 4 de los goles. Sin embargo, el planteamiento defensivo de Thys se le atragantaba al equipo ibérico, y el partido finalizaba con 1-1 tras los respectivos goles de Ceulemans y Juan Señor. Tras una prórroga sin acierto de cara a puerta, los penaties iban a favorecer a los belgas, que anotaban sus cinco intentos por cuatro de España. Pfaff detenía el segundo lanzamiento ejecutado por Eloy Olaya, y agrandaba su leyenda algo más si cabe.

Y apareció el Pelusa

En semifinales, la Argentina de Bilardo se presentaba como el máximo favorito al título junto a Alemania. En su cruce de cuartos, Maradona con dos goles antológicos ante Inglaterra (entre ellos la famosa mano de Dios), demostraba que en plena forma no había jugador capaz de detenerle. Un postrero gol de Lineker (a la postre máximo goleador del torneo), no evitaba la eliminación de los de Bobby Robson

En el estadio Azteca de Ciudad de México ante 114.000 espectadores, Bélgica conseguía aguantar los primeros 45 minutos, pero tras el descanso Maradona se desataba con dos nuevos golazos (minutos 51 y 63), imposibilitando la reacción de un equipo que llegaba escaso de fuerzas a esta fase. Los blanquiazules fueron muy superiores a los de Thys, que de no ser por las paradas de Pfaff y un clamoroso fallo de Valdano hubieran salido vapuleados por sus oponentes en el marcador.

En el partido por el tercer y cuarto puesto, los belgas empataban a dos al final del tiempo reglamentario. Ya en la prórroga, los goles de Genghini y Amorós -de penalty- daban al traste con sus esperanzas. La acumulación de minutos en algunos de sus hombres clave (Ceulemans, Claesen, Demol, Scifo, Gerets o Vercauteren) generaba un caída del nivel físico en las segundas partes, algo que se agravaba en las prórrogas.

El juego de Thys

La prensa de la época acusaba al equipo de hacer un juego feo. Y es que el sistema comenzaba y terminaba en Pfaff. El guardameta sacaba siempre en largo buscando la altura de Ceulemans (191 cms). La primera preocupación era desactivar las fortalezas en el juego ofensivo rival. Tras 6 años jugando en bloque, Guy Thys había conformado un bloque sólido y rocoso construido desde la defensa. Con Gerets anclado en el lateral derecho (apenas pasaba de mediocampo si la oportunidad no era muy clara), los centrales Grun, Renquin o Demol achicaban cualquier espacio en las inmediaciones del área. 

Vincenzo Scifo/ Foto: FIFA.com
Vincenzo Scifo/ Foto: FIFA.com

Sin riesgo de equivocarse, se puede afirmar que los diablos rojos llegaron más lejos en México de lo que la mayoría auguraba. Pese a las individualidades de Scifo o Vercauteren y la capacidad goleadora de Claesen o Ceulemans, la posesión del balón no era una prioridad. Se buscaba la genialidad del '10' en forma de pase en profundidad, centro al área o jugada individual. No en vano, el pequeño pelé se hizo con el trofeo al mejor jugador joven del torneo. 

Sin duda un concepto de juego muy distinto del que luce la actual selección belga, que llega a Rusia con la vitola de ser uno de los equipos con un juego ofensivo más atractivo. Roberto Martínez  tiene ante sí la oportunidad de demostrar el potencial de sus individualidades sin que la presión de los favoritismos les condicione. Pese a todo, las semifinales son palabras mayores. Todo un reto.

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