El tridente efímero
Stoichkov, Romario y Laudrup,. FOTO: FC Barcelona

El 18 de julio de 1993, Romario da Souza llegaba a Barcelona como la guinda del pastel que Johan Cruyff necesitaba para terminar de hacer de su Dream Team una auténtica obra de arte. Al menos eso entendió el presidente del club, Josep Lluís Núñez que ese verano quiso endulzar una insulsa temporada "post-Wembley" pagando 400 millones de pesetas al PSV Eindohven por ese fantasioso atacante de Rio de Janeiro. A sus 27 años, O Baixinho se convertía en esa pieza indispensable que podría bastar a Johan Cruyff para volver a consolidarse en la élite europea tras una campaña, la de 1992/93, en la que el entonces vigente campeón caería derrotado en la segunda ronda de la UEFA Champions League. El escueto paso de Stoichkov, Koeman, Laudrup y compañía por el torneo que les coronaba por primera vez en Wembley, dejaría una sensación de vacío en una temporada en la que sí se logró una segunda Liga de manera consecutiva y la Supercopa de España y de Europa.

Romario llegó para perfeccionar la magia del "Dream Team" y dejó su legado en Can Barça durante sus dos temporadas como culé.

Romario aterrizaba en Can Barça precisamente con la enmienda de ayudar a reconducir la andadura culé por el viejo continente. Un viaje que resultaría más breve de lo que uno entonces podría imaginar, pues tan sólo dos temporadas más tarde, en 1995, el mago pondría rumbo a su Brasil natal dejando 53 goles en la retina del Camp Nou. Su paso por la ciudad condal resultó ser también una papeleta para el técnico holandés, Johan Cruyff, que tuvo que ubicarlo en un ataque ya consolidado con Michael Laudrup y Hristo Stoichkov como estrellas indiscutibles. Las similitudes entre el danés y el brasileño recién fichado relegaron a Laudrup a aceptar un rol más secundario en su curso menos participativo pero igual de trascendente. El otro damnificado por la llegada del carioca fue Julio Salinas, quien dejó atrás su trascendencia en la temporada de Wembley cediendo su condición de titular. Y es que con  Romario, Cruyff recurrió por primera vez a la figura del "nueve" puro, algo a lo que se había resistido en temporadas anteriores, en las que el ingenio del holandés había creado el "falso delantero" que tan bien congeniaba en el esquema culé. 

Romario mostró con creces su talento en Can Barça. FOTO: FC Barcelona
Romario mostró con creces su talento en Can Barça. FOTO: FC Barcelona

Un curso de luces y sombras

Con el 4-3-3 por bandera, el Dream Team divagaría por una temporada 1993/1994 muy irregular en la que convivieron episodios de esplendor, como el intachable 5 a 0 al Real Madrid en el Camp Nou o la consecución de la tercera Liga consecutiva, y recuerdos para el olvido, como la fatídica final de Atenas frente al Milan de Fabio Capello. Fue en esa derrota cuando con la suplencia de Michael Laudrup se rompería ese tridente efímero pero a la vez recordado en la memoria culé. El danés, que aportó su granito de arena con 6 goles y un gran repertorio de asistencias, abandonaría el club azulgrana ese mismo verano. Una marcha que no resultaría, sin embargo, el fin del Dream Team, vigente hasta 1996.

Romario, con 32 goles y Stoichkov con 24 comandaron junto a Laudrup al Barça en la temporada 1993/1994 que tuvo en el 5 a 0 al Real Madrid su mejor recuerdo

El recuerdo de esa temporada no es ni mucho menos negativo para el aficionado culé, que vibró con la magia de su nueva estrella Romario. 32 goles y un sinfín de jugadas de fantasía bastaron al brasileño para ganarse el cariño de su afición y llevar la batuta de aquel Barça prácticamente exquisito, pero no fue menos el húngaro Hristo Stoichkov, que lo acompañó en labores ofensivas aportando 24 dianas. Ambos fueron artífices de un conjunto que gozó de su gran noche en el clásico liguero frente al Real Madrid de Benito Floro. Con tres goles y una mágica "cola de vaca" nacidos de Romario, el Barça terminaría imponiéndose por 5 goles a 0 en una de las noches más mágicas que se recuerdan en el templo culé. Una manita que forma parte también de una de las Ligas más disputadas de la historia, que acabó llevándose el conjunto de Johan Cruyff en retrimento del Super Depor.

Romario, Laudrup y Stoichkov celebran uno de los goles. FOTO: FC Barcelona
Romario, Laudrup y Stoichkov celebran uno de los goles. FOTO: FC Barcelona

Exhibición ante el Dinamo de Kiev antes de la caída de Atenas

No sólo sobresalió el Barça de Romario, Stoichkov y Laudrup a nivel territorial, pues también tuvo sus momentos de gloria en Europa. El más significativo fue ante el Dinamo de Kiev, en una de las mejores actuaciones que se le recuerdan a ese Dream Team junto con el clásico ya mencionado. Tras ceder en la ida de la eliminatoria en Ucrania por 3 goles a 1, el conjunto Johan Cruyff se vió forzado a remontar en el Camp Nou, donde goleó una sobresaliente goleada por 4 goles a 1 en la que primó el juego ofensivo y de toque de los azulgrana. En ese duelo el técnico barcelonista recurrió a su letal 3-4-3 por tal de desplegar la versión más ofensiva de su equipo. Un doblete de Bakero y un gol de Michael Laudrup lograron equilibrar el resultado de la ida, antes de que Koeman reviviera la mística de Wembley con un gol de falta marca de la casa. Tras remontar la eliminatoria, el Barça accedería a la fase de grupos que terminaría encabezando para llegar a la ansiada y fatídica final de Atenas.

Una temporada, la encabezada por Stoikchov, LaudrupO Baixinho que reivindicó el papel combatiente del Barça en Europa y que devolvió la fantasía y la magia del cruyffismo al Camp Nou tras la conquista de Wembley. Ese fue el gran legado de un tridente efímero, pero que maravilló al graderío culé en su corta subsistencia al frente del ataque azulgrana. 

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