Anuario VAVEL Barça B
2019: la metamorfosis deseada
Fotomontaje: Ana Alonso, VAVEL

Nada se detiene, todo se transforma. Despacio, y sin ninguna prisa, el Barça B lograba canjear las dudas y los desengaños por la ilusión y la confianza como nuevos compañeros de viaje. En un año de repleta transición, la metamorfosis del filial catalán alcanzaba el éxtasis gracias a un inicio de curso sobresaliente. Al refugio del recién estrenado Johan Cruyff, los azulgranas vertían sobre el nuevo feudo ‘culé’ la principal renta para lograr un billete hacia los codiciados ‘play-offs’. Restaurado, pero manteniendo la viva esencia que les atañe, el Barça B reafirmaba sin titubeos su condición de aspirante a todo en su segunda temporada en Segunda B.

El filial frente al Nàstic. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

El principio del comienzo

Conscientes de la dificultad pero sin perder de vista los sueños, el conjunto de García Pimienta inauguraba el 2019 sin dos de sus piezas claves al mando del timón. La subida definitiva de Carles Aleñá al primer equipo y la grave lesión de Ferran Sarsanedas a finales del mes de octubre dejaba al cuadro barcelonista sin su máximo artillero y carente de polivalencia en la medular. Dos fragmentos indispensables de una porción que se reforzaba con apenas tres incorporaciones en el mercado invernal: los artilleros Gabriel Novoaes y Merveil, y el lateral Ignasi Vilarrasa.

Maestro en rebrotar frente a la adversidad, el Barça B iniciaba el nuevo año en la sexta posición de la tabla con 28 puntos, a sólo tres de los ‘play-offs’ tras 18 jornadas disputadas en la competición doméstica. Armados de fe y con el grueso de la plantilla en edad juvenil disputando su primera campaña en la exigente categoría, el elenco de ‘Pimi’ se desplomaba hasta la novena plaza en el mes de marzo. Con sólo tres puntos conquistados de doce posibles (una victoria y tres derrotas), los catalanes se alejaban de la codiciosa aspiración del ascenso, dilatada en tiempo y espacio hasta los ocho puntos.

Collado, Riqui y Oriol Busquets frente al Badalona. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

El filial entraba en una dinámica negativa antes de penetrar en la recta final de la temporada

Abriendo las alas y resurgiendo de la penumbra, el Barça B iniciaba de pronto su vuelo con el desenlace del curso despuntando en el horizonte. A falta de dos jornadas para el cierre de la campaña, el brío del filial se implantaba con lucidez sanando la brecha en la clasificación para situarse de nuevo al calor de la zona más anhelada de la tabla. Enlazando una dinámica brillante con 14 puntos de 21 posibles (cuatro victorias, dos empates y sólo una derrota), los pupilos de García Pimienta volvían a respirar de nuevo los aires del ascenso, emplazados a sólo tres unidades de distancia.

Sin embargo, hastiados por escuadrones curtidos de veteranía, el Barça B se disipaba en el tramo más sustancial del curso. Los tropiezos frente al Hércules CF, sumergido en plena pugna por el liderato en el penúltimo encuentro, y ante el CD Castellón, batallando por salvarse del infierno del descenso en la última jornada, desdeñaban de un soplo las posibilidades del los ‘culés’ por colarse en la batalla de los ‘play-offs’. Un golpe demasiado duro para un conjunto que comenzaba su andadura en Segunda División B abastecido con hasta 14 jugadores recién llegados del FCB Juvenil A campeón de la UEFA Youth League la temporada anterior. Orgullosos de la hazaña, la 2018/2019 finiquitaba para el navío azulgrana en la octava plaza con 53 puntos, a ocho unidades de la quimera y con la satisfacción de haber conseguido exhibir los destellos de una filosofía que no tardaron en promulgar.

Las líneas del proyecto

Sabedores de la línea a seguir, García Pimienta amarraba las riendas de su buque sin excesivos cambios en la pizarra. Ataviados con la destreza de cubrirse en su segunda campaña en la categoría, el filial blindaba las filas con cinco ingresos de altura: el guardameta Sergi Puig, cedido el último curso, el carrilero Sergio Akieme, el zaguero Mike van Beijnen, el centrocampista Ludovic Reis y el ariete japonés Hiroki Abe. Manteniendo el grueso del plantel con los juveniles vencedores en Europa, el técnico barcelonés premiaba la entrega y el tesón de los jóvenes jugadores con la continuidad en la segunda parte del asalto.

Akieme, uno de los fichajes esta temporada. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

El Barça B arrancaba la temporada 2019/2020 con 15 jugadores campeones de la UEFA Youth League y sólo cinco incorporaciones

En busca de nuevos aires, las salidas de grandes promesas de La Masía dejaban renqueante el barco del filial. Las cesiones de Oriol Busquets y Juan Miranda o la marcha de Rafa Mújica, segundo máximo realizador de la pasada temporada, se unían a más de una decena de bajas que ultimaban la confección del proyecto de 'Pimi’ en vistas a la nueva estación. Además, la  ausencia de Carles Pérez, ‘pichichi’ el curso anterior con el Barça B y asiduo en los planes del primer equipo, y la prematura irrupción de Ansu Fati a las órdenes de Ernesto Valverde mermaba la confección de un diseño a punto de desembarcar.

Sin apenas retoques en la columna vertebral, el cuadro barcelonista mantenía en el estrado al talento indiscutible de Riqui Puig, el bastión erguido en la figura de Álex Collado, incuestionable titular en el esquema de ‘Pimi’, al siempre combatiente Monchu en el campo de batalla, la fineza en ataque de Abel Ruiz o la pericia de Iñaki Peña bajo los tres palos. A los aposentos del bajel se embarcaba la calidad de Jandro Orellana en el engranaje y Alejandro Marqués en la recámara ofensiva, reconocidos de pleno derecho como nuevos jugadores del filial tras su promoción desde el FCB Juvenil A.

Jandro y Marqués el curso pasado con el FCB Juvenil A. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

Continuando con la formación de los jóvenes como premisa indiscutible, el técnico catalán no escondía la aspiración de poder alcanzar, esta vez sí, el objetivo real por el ascenso. A sus órdenes un total de 23 aguerridos soldados ultimaban la puesta a punto con la idea de dar un salto más en su aprendizaje

La experiencia, un grado

Acorazado con una personalidad propia, el pistoletazo de salida de la temporada arrancaba con el triunfo del Barça B frente al CF Badalona en feudo de los ‘escapulados’ (0-2). Destapando una de las mejores virtudes que les acompaña, los barcelonistas proseguían con la imagen descorchada una jornada más tarde en una cita especial. Impoluto, vistiendo los colores de una filosofía que define su nombre, el Estadi Johan Cruyff abría las puertas para acompañar al equipo de ‘Pimi’ en el primer encuentro oficial en su alcoba. Marcado en rojo en el calendario, el 2 de septiembre de 2019 se estrenaba el nuevo feudo con el Gimnàstic de Tarragona como invitado privilegiado.

El Barça B frente al Nàstic en el primer partido oficial en el Johan Cruyff. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

Pese al ambiente festivo y el jolgorio en el graderío, el filial dejaba escapar los tres puntos a falta de un cuarto de hora para el final (2-2) difundiendo en el ambiente el mismo talón de Aquiles de la campaña pasada. Incapaz de amarrar la ventaja en el luminoso, las sombras de viejos fantasmas volvían a posarse de nuevo a sus espaldas, provocando el ‘run-run’ de la hinchada tras repetir los mismos errores dos semanas más tarde contra la AE Prat (2-2, jornada 4).

El Johan Cruyff albergaba su primer partido oficial el 2 de septiembre ante el Gimnàstic de Tarragona

Estancado y superado en infinitas ocasiones tras dominar con claridad el marcador en los tiempos añejos, el Barça B se despojaba de las viejas vestiduras para demostrar que el pasado quedaba en un mero delirio. La explosión de Kike Saverio pegado al flanco izquierdo, el paso al frente de Monchu Rodríguez en la medular y la inclusión sin ruido pero sobrado de talento de Jandro Orellana guiaba a un navío que encontraba en Hiroki Abe al mejor camarada en la línea de ataque.

Firmes creyentes de un juego que despunta sin decoro, la batuta de García Pimienta florecía con brillantez al alba de un juego coral. Haciendo de su casa un auténtico fortín, el Barça B clausuraba el año sin conocer la derrota en el Johan Cruyff. De los 9 partidos disputados en el flamante templo, los ‘culés’ habían logrado acumular cinco victorias y cuatro empates en su bagaje, cotejando uno de los pilares indiscutibles y necesarios para mantenerse con opciones de bregar por sus ambiciones. Además, la ráfaga de buenos resultados no abandonaba al filial, prolongando una racha inmaculada de hasta diez partidos consecutivos puntuando desde que claudicara a manos del Hércules CF en la séptima jornada (4-1) hasta su tropiezo en el último partido del año frente a la UE Olot (1-0).

El Barça B en el Johan Cruyff. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

El equipo de ‘Pimi’ despedía el año sin perder esta temporada en el Johan Cruyff: cinco victorias y cuatro empates

En buena sintonía, creando un tándem perfecto con su hinchada, el equipo catalán sellaba el año con sensaciones inmejorables de cara al 2020: quinto en la tabla a tan sólo dos puntos de los ‘play-offs’. Además, la madurez y el crecimiento del escuadrón se sustentaban con la capacidad de reacción con el marcador adverso. De los diez partidos correlativos sin perder, el conjunto ‘culé’ conseguía voltear el electrónico en seis ocasiones, arañando hasta cuatro empates y dos victorias, toda una certeza de la conversión de una escuadra diseñada para transcribir su propia historia.

Las sorpresas del año

Juntando piezas hasta crear el puzle perfecto. Castigado con dureza de nuevo con la baja de Ferran Sarsanedas por una lesión en el pie izquierdo y la fractura del tercer metatarsiano de Jorge Cuenca, el Barça B descubría en la adversidad un manantial de joyas con muchas ganas de deslumbrar. 

Estrechando la difícil papeleta de suplir la figura de todo un mariscal en defensa como Jorge Cuenca, el técnico barcelonés encontraba en Óscar Mingueza la solución perfecta al dilema de la ecuación. Apareciendo en el lugar idóneo, el central de Santa Perpetua de Moguda conseguía adaptarse con facilidad en el centro de la zaga. Acompañando a un viejo de batalla como Ronald Araujo o fluctuando al son de ‘Chumi’, Mingueza conseguía arrinconar el recuerdo del central madrileño que no volverá hasta mediados del mes de enero.

Mingueza en el Johan Cruyff. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

Las irrupciones de Mingueza, Hiroki Abe y Jandro Orellana, las grandes sorpresas del Barça B en 2019

Al otro lado del verde, un japonés vestido de gol. Ataviado con la difícil papeleta de disputarle la titularidad a todo un legendario en el filial como Abel Ruiz, el de Tokio reconvertía su emplazamiento sobre el tapiz para consagrarse como un ‘falso 9’ de altura. Jugando con la polivalencia como el mejor de los pretextos, Hiroki Abe sobresalía con naturalidad tanto de extremo izquierdo como en la punta, mudándose en el comodín perfecto en el encerado futbolístico de ‘Pimi’. En su haber cuatro goles, segundo máximo goleador del filial y superando con creces en apenas media temporada sus registros en las filas del Kashima Antlers el curso anterior.

Hiroki celebrando un gol. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

Imposible de añorar, la tortura de la ausencia del capitán Sarsanedas quedaba desdeñaba gracias al talento intrínseco en las botas de Jandro Orellana. Cubierto de humildad y una calidad sobresaliente, el de Gavà se consolidaba como pivote gracias a un sinfín de lecciones vertidas sobre el tapiz. Al calor de sus botas, una auténtica cátedra de fútbol de manual guiaba el rumbo del Barça B en este final de año, alzándose con un total de nueve titularidades en la primera temporada del catalán en el filial.  

Jandro con el Barça B. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

Sin embargo, el verdadero crecimiento porta su nombre. Dando un paso al frente sin ningún tipo de desasosiego, Monchu Rodríguez acariciaba la cima en un cierre de 2019 de genuino escándalo. Tocado sin Rafa Mújica, Carles Pérez y Carles Aleñá, las mejores bazas ofensivas del Barça B la temporada 2018/2019, el centrocampista mallorquín asumía sin miedo los galones para convertirse con cinco dianas como el principal artillero del buque de ‘Pimi’. Batallador en el corazón del terreno de juego, la brega incansable de Monchu y ese idilio con el gol fluctuaban a ritmo de ‘rock & roll’ para lanzar al equipo hacia un 2020 repleto de fútbol y buenos deseos.

Monchu celebrando un gol. Foto: Noelia Déniz, VAVEL
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