Cuando Las Palmas quedó 2ª: Luis Molowny, el Guardiola antes de Guardiola
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Cuenta la leyenda que una generación de jugadores nacidos a orillas del Atlántico fue capaz de jugar como si bailasen sobre el verde. Cuenta la leyenda que aquellos chicos llevaban grabado a fuego en el ADN una manera de entender el fútbol que mucha gente descubrió o quiso descubrir con una selección de Brasil que encandiló al mundo en el Mundial de 1970, pero en una pequeña isla, sin televisión o internet, sin apenas referencias de aquellos aires de fútbol moderno que se respiraba en el país carioca, también fueron capaces de jugar prácticamente igual. Sin duda alguna, la UD Las Palmas descubrió y jugó el Tiki-Taka antes del Tiki-Taka moderno, actual y refinado que ha dado la vuelta al mundo. Y todo aquello ocurrió, curiosamente, gracias a un hombre que vino al mundo en Tenerife.

Luis Molowny fue el hombre clave para que aquella plantilla brillara con luz propia. Fue un visionario que vivía veinte años por delante, y toda esa vorágine de modernidad la consiguió en un equipo que estaba a miles de kilómetros de cualquier contacto con rivales más fuertes, con ideas de fútbol diferentes o con cualquier corriente de pensamiento distinta. A pesar de todo, el tinerfeño no inventó esa manera de jugar. Anteriormente, había sido jugador, pero no uno cualquiera. Molowny fue un diez clásico, con mucha capacidad para regatear y para el pase corto. Brilló en el Real Madrid y en la Selección Española, y eso le hizo estar en contacto con otras culturas futbolísticas, sobre todo las sudamericanas, de las que bebió para inspirarse, algo que se pudo observar cuando por fin tomó las riendas de un equipo como entrenador.

La semilla de una filosofía

Molowny empezó su tiempo como técnico en las islas, concretamente en el juvenil de la UD Las Palmas. Desde el primer momento, quiso instalar una idea de juego de mucho toque, con muchos pases y donde la calidad individual del jugador sumara a un todo, a un colectivo que debía ser mucho más fuerte. Molowny bebió de diferentes culturas futbolísticas que le llevaron a crear su propia filosofía En ese equipo de chavales aún imberbes, el ex jugador del Madrid impuso esa filosofía que pronto daría resultados. Jugadores como Guedes, Germán Dévora, Castellano o José Manuel León entre otros, pasaron por las manos de Molowny. Aquel equipo de juveniles fue capaz de proclamarse Campeón de España con todas las de la ley.

El primer paso estaba dado, ya que el técnico fue fogueando jugadores que, poco a poco, fueron haciendo acto de presencia con los mayores. Los años en el juvenil le dieron a Molowny los registros suficientes como para tomar las riendas del primer equipo de Las Palmas de forma definitivamente. Y es que lo que en un primer momento se convirtió en un parche para salvar la categoría se convirtió en el inicio de una de las épocas más gloriosas de la escuadra amarilla. Molowny cogió el timón en un momento donde Las Palmas necesitaba ganar lo máximo posible en las últimas tres jornadas. El tinerfeño logró dos victorias y un empate que serviría para mantenerse en la máxima categoría una temporada más.

El tiki-taka antes del tiki-taka en Europa

Con la tranquilidad de ser equipo de Primera División, Molowny cogió a la plantilla y empezó a desarrollar esa idea que ya había mostrado en su etapa en la cantera. Con el apoyo indiscutible de sus jugadores, teniendo en cuenta que muchos de ellos ya habían mamado de esa filosofía, la UD pasó de competir en un Seat 600 a hacerlo en un Ferrari de última generación. Las Palmas apareció en la Liga y lo hizo con un fútbol que impresionó a rivales, aficionados y prensa. Todo el mundo empezó a hablar de un equipo que jugaba como Brasil, evocando una época que todavía no se había instaurado. Tocar, tocar y tocar, la calidad por delante del físico, el jogo bonito como motor de un equipo que quedó tercero en la temporada 67/68, siendo capaz de pelear por la Liga hasta casi la última jornada. Sin embargo, ese año la filosofía sólo empezó a asentarse, ya que la campaña siguiente, como dice la canción, Las Palmas fue “rozando el cielo jugando al toque con el balón".

Samba grancanaria sin premio

Las Palmas se presentó el curso siguiente con la confianza de lo hecho el año anterior y con esa idea futbolística aún más clara. Su campaña fue espectacular y su juego volvió a encandilar. “Los diablillos amarillos” eran un reclamo allá donde fueran, como una banda de rock que llenaba estadios y reclamaba la atención de aquellas ciudades que visitaba. El entrenador le dio sentido a lo que el futbolista canario llevaba dentro Molowny consiguió que su UD Las Palmas tuviese un ADN identificable, capaz de encontrar su camino en la oscuridad con facilidad porque sabía y conocía al dedillo el mapa de su filosofía. El técnico de Tenerife le dio sentido a una clase de jugador autóctono, como si supiese que por sus venas corría sangre de jugones. Fue la pauta que marcó la norma para siempre, Molowny descubrió que el futbolista canario necesitaba acariciar el cuero, sentir en sus botas el toque constante para ser feliz, y así halló la manera de alcanzar la gloria siendo auténtico.

A pesar de todo, a pesar de contar con un fútbol distinto y que maravillaba, Las Palmas no pudo batir al Barcelona aquella temporada. Los blaugranas se mantuvieron firmes durante todo el curso en lo más alto de la clasificación sin titubear ni un instante, y eso terminó por enterrar las ilusiones de un equipo, el amarillo, que tuvo que conformarse con un subcampeonato que supo a poco. Quizás, si los grancanarios hubiesen ganado aquella Liga, los libros de historia hablarían de otra cosa distinta.

Molowny, el hombre; Molowny, el mito

Hoy en día todo el mundo habla de Guardiola como un ejemplo de fútbol de salón y de gusto por el toque. Vivir en la época de las autopistas de la información ha hecho que todo lo que hoy se consigue se magnifique, tome otra dimensión distinta y el mundo entero conozco lo que triunfa, lo que fracasa y lo que merece la pena. En aquellos tiempos donde el fútbol no era más que un simple deporte, Luis Molowny fue capaz de viajar hacia delante en el tiempo para cambiar la historia de un modesto club que no tuvo la suerte suficiente como para tomar sus enseñanzas como base para crecer y que estaba lejos de ser una potencia económica

Molowny se convirtió, sin saberlo, en un mito, en una bandera que abrió la veda al verdadero fútbol que la gente de las Islas Canarias llevaba dentro. Fue el primero en entender y comprender que se podía jugar haciendo poesía, y eso se los transmitió a unos jugadores que marcaron una época aun habiéndose marchado. Luis puso la primera piedra de una forma de comprender un juego que hoy es la comidilla de los puristas y que tantas pasiones levanta alrededor del mundo. Y la leyenda de Molowny todavía permanece en todos y cada uno de los jugadores canarios que siguen sintiendo dentro de sí mismo el tiki-taka

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