En un partido de película, Racing perdió con River y se quedó con las manos vacías
La imagen de la derrota. Galván erró el penal. Foto: Maxi Failla.

En los primeros quince minutos sucedió lo esperado. Racing, acompañado por la euforia de un cilindro explotado, salió a comerse al rival. Manejó la pelota e impuso condiciones. El Millonario comenzó algo aturdido, pero poco a poco volvería a ser el equipo que genera peligro en cada una de sus llegadas.

La llave del encuentro estuvo en la banda derecha. Tanto para Racing, como para River. El duelo Johan CarboneroMarcelo Herrera no dejó ganadores. El colombiano atacó y generó peligro; pero fue con la misma intensidad con la que el futbolista visitante también llegó al área académica. Esto dejó como resultado varias tapadas espectaculares de ambos arqueros.

Racing no estaba solo prestando atención a lo que pasaba en Avellaneda. A un par de cuadras, en la cancha de Boca, también se estaba jugando el campeonato. Lo único que le trajo esto al equipo local fueron nervios. Y esto se notó principalmente cuando los dirigidos por Gago intentaron circular el balón. El propio DT indicó el juego largo a la vista de la poca elaboración en la mitad de la cancha.

La Academia propuso durante toda la primera mitad un juego largo, con pases filtrados en profundidad en dirección a Carbonero. Básicamente fue esta la manera elegida para intentar desequilibrar la defensa millonaria. Lo logró un par de veces y Armani actuó de manera impecable. No se quedó atrás Gabriel Arias, quien termino siendo la gran figura de la primera mitad. Le tapó un mano a mano a Herrera y otro a Borja. En ambos casos la clave estuvo en la rapidez del achique.

Con este panorama finalizaron los primeros 45´. River definitivamente fue quien terminó dejando mejores sensaciones. Volvió a entrar en contacto con la pelota y presionó a los mediocampistas académicos para así obligar a Racing a jugar en largo. Por el lado local, la imprecisión habitual a la hora de definir, pero inhabitual en armar las jugadas, fue el síntoma de la tensión y los nervios de estar en un duelo crucial.

a presión incansable de Copetti fue una de las claves para complicar a River en las salidas, Foto: Germán García Adrasti (Clarín)   
La presión incansable de Copetti fue una de las claves para complicar a River en las salidas. Foto: Germán García Adrasti (Clarín) 

Echeverría pitó y arrancó lo que sería la última chance que el equipo de Gago tendría para cambiar la historia. La tónica fue la misma. Carbonero continuó siendo el protagonista por su banda, pero el rendimiento del colombiano bajo considerablemente.

La historia del partido cambiaría desde los doce pasos. Tras una infracción de Pinola ante Copetti, a los 12´ Racing pasó a ganar el partido. Matías Rojas fue el que tradujo el penal en tanto celeste y blanco.

Tras la apertura del marcador El Millonario comenzó a agarrar las riendas del encuentro. Sucedió lo mismo que en el primer tiempo solo que La Academia ahora estaba ganando parcialmente.

Con la consecuente supremacía de River, Gago intentó cerrar el partido con un cambio que repitió varias veces durante el torneo. Luego de varias jugadas que finalizó mal, Gago reemplazó a Carbonero por Jonathan Galván. Atención a este nombre porque tendría una incidencia fundamental al final del encuentro.

Ni el mejor guion de Hollywood pudo haber explicado lo que sucedió la última media hora. River terminó materializando lo que venía insinuando luego del gol de Rojas. Tras una buena sucesión de pases, la defensa de Racing se amontonó en el sector izquierdo de su propia área y dejo sola la banda derecha. Paradela remató mal y la pelota le quedó servida a Borja que solo la tuvo que empujar. Todo igualado en Avellaneda.

Cuando parecía que el encuentro iba a terminar definitivamente en un empate, la chance del campeonato apareció en la mesa de Racing. Echeverría cobró un penal dudoso cometido por Herrera. La gran incógnita del año en La Academia será el por qué Galván fue el encargado de patear el penal. Ni Copetti, ni Hauche. El ex Huracán agarró la pelota y la puso en el punto penal. Luego de un trote cansino, lo ejecutó de la peor forma posible. Le pegó mordido y a media altura. Franco Armani la tapo y, paradójicamente, River le estaba entregando en bandeja el campeonato a Boca.

Todo se terminó de confirmar cuando ya Racing, desesperado, sufrió otro gol en contra. Otra vez Borja y nuevamente luego de un rebote. Nadie en el cilindro lo podía creer. La historia estaba sentenciada. Boca estaba a minutos de ser el nuevo campeón del futbol argentino. Y así fue.

La reflexión se hará con la mente en frio, más adelante, cuando las pulsaciones de Gago y compañía bajen. Pero lo cierto es que tendrá que pasar mucho tiempo para que se cure esta herida en el mundo académico. Estuvieron a un penal de lograr el campeonato. 

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